Este fin de semana tuve la oportunidad para viajar a Marruecos. Fue la experiencia de una vida pero al mismo tiempo fue una revelación. Tomé un paseo en camello, visité una ciudad en las montanas que pintaba azul y comí cuscús. La bandera roja con una estrella verde del país hace su aparición en un gran número de mis fotos.
Sin embargo, los sitios, los shows y la comida, o en otros palabras la experiencia cultural, son sólo parte de la “imagen grande”. Las cosas entre las “previstas visitas” eran las cosas más reales e importantes en mi mente. La gente en las calles preguntando por el dinero o ellos tratando a vender las baratijas para vivir son los recordatorios de la realidad. Por ejemplo, un niño que no podía tener más de 8 anos estaba tratando de vender los pequeños juguetes camellos en la calle por un beneficio insignificante. La cultura no era mal, solamente diferente. Me hizo apreciar lo que tengo y mi propia cultura. El viaje era todavía una diversión sin embargo.
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